13 de mayo de 2010

Como si fuera ayer

Revolver cajones y armarios para encontrar aquellas cosas “imprescindibles” que hemos guardado durante nuestra vida, es un ejercicio diabólico. Y no sólo porque aparezcan auténticas inutilidades que debieron tener una importancia que ya hemos olvidado, sino porque con esas cosas, que no se sabe bien cuánto importaron entonces y cuánto pueden importar ahora, aparecen también en la cabeza recuerdos de todo tipo. Pero a veces es peor aún, porque lo encontrado es en sí mismo “el recuerdo”.

Eso ocurre, por ejemplo, con los manuscritos y con las fotografías. Pero mientras que a los primeros hay que dedicarles algo de tiempo para comprender todo cuanto encierran, a las segundas les concedo yo la categoría de “asaltasentimientos instantáneas”. Una imagen no vale más que mil palabras, pero sí que nos impacta mucho antes, aunque luego tengamos que dedicarle casi el mismo tiempo que a la escritura para aprehender cuanto significa.

Pues el otro día, me entretuve en revolver escritos y fotografías y, si bien no di con lo que buscaba, me topé de lleno con algo que me ha dejado el ánimo suspendido. Hará más de 20 años pulsaba el botón al otro lado de mi máquina para inmortalizar una reunión familiar en casa de mi abuela. A nadie puede decirle algo esta fotografía más que a quienes conocemos a los fotografiados. A nadie importa tal o cual cara, salvo para los que conocemos las que ya no podemos ver en directo –y no todas de gente mayor-. A nadie importa lo que yo pueda decir, porque cada cual ha de hacer su componenda. Objetivamente, nada dice esta fotografía más allá de lo obvio, incluida la maldad del fotógrafo. Pero quien logre poner nombre a cada una de esas caras y sea capaz, además, de relatar sintéticamente la historia de cada personaje, pues a ese esta imagen le pondrá el corazón en un puño como a mí me lo ha puesto.


Perdonad que este post sea así de personal, pero es que como aquí mangoneo yo a mis anchas, lo he hecho sólo para quienes saben de lo que hablo y para quienes hace poco han estado revolviendo los cajones de su casa, que esos seguro que me entienden por otras caras y otras ausencias.

13 comentarios:

Leandro dijo...

En una de las paredes del Tanatorio de Jesús hay una fotografía antigua. Más de cien años tendrá. En lo que probablemente sea el actual claustro de la Facultad de Derecho cuando aún era convento, aparecen en escena dos personajes: un señorito de los de antes, con barba, sombrero y chaleco, y una muchacha joven que tiende la colada, creo recordar. Ella está embarazada. Huelga decir que no sé quienes son ninguno de los dos. Y desde el punto de vista artístico, la foto no es nada del otro mundo. Pero yo no puedo evitar pararme cinco o diez minutos delante de ella cada vez que tengo que pasar por allí a despedir a alguien. En esa foto hay una historia que engancha. O varias. Sólo hay que dedicar unos minutos a poner lo que falta. Es el valor de las fotografías cuando el tiempo se ha puesto amarillo sobre ellas. No hace falta conocer a nadie

M.M. Clares dijo...

Pues a mí lo que se me ha puesto amarillo es el corazón, como decía e poeta. Me gusta mucho esa historia del claustro de Derecho. Algún día podrías microrrelatarla -¿se dice así?- y ponerla en el blog. Yo me apunto a dar otra versión. Gracias por tu comentario.

Pilar dijo...

pío pío, soy del corral, aunque en la foto no esté.

Nombres y apellidos a todos y todas, excepto a uno, detrás de Carmenchu, lo mismo me lo dices y caigo.

Ni qué decir tiene que me la he archivado; una maravilla esos encuentros con el tiempo.

Tengo, además de los álbumes donde se relata mi historia familiar -una de las posibles visiones propias, claro-, un cajón lleno de fotos al que algún tatillo le dedico de vez en cuando. Ratillos de horas. También a cuadernos, a notas, a trapos, símbolos todos de una versión de la vida cambiante según el momento en que tenga lugar el diálogo. Me pregunto cuánto tiempo dedicamos a lo largo de la vida no solo a recordar sino a recoger y guardar para recordar.

Qué guapos nuestros padres!

y silencio

Un besazo

M.M. Clares dijo...

Julián, hijo de Pedro, y ahijado del tío Julián.

Ya están todos

el brazo de cervantes dijo...

Bueno, es la foto que más triste me ha puesto desde hace tiempo. Me la archivo también, porque a pesar de la tristeza me encanta volver a verlos a todos tan felices algunos a la misma edad que tenemos nosotros ahora. Me quedo a cuadros cuando me veo en la foto con el pelo rizado, tenía 17 o 18 años y lo sé porque esa pinta es de COU, o sea que puede ser del año 79.
Con respecto a los acertijos yo no sé quién es la que está asomando la cabeza a la derecha de la prima Carmenchu.A ver maquinorro, si me haces el favor...
Gracias por estos recuerdos.

M.M. Clares dijo...

El otro día se me fue la olla. El que hay al lado de la tía Sole es Pedro, hijo de pedro (el que está en el suelo en primera línea), y sí es ahijado del tío Julián. La que asoma la cabeza es Marisa, hija de Alejandro (con gafas y en primera línea)que tiene delante de él a su hija Alegría.

Más información luego.

Clares dijo...

Madre mía, cuento ocho o nueve que ya no están. He tenido, y no por esta foto, sino por mi natural ser, una recaída en el duelo. Quiero decir, que creía que lo tenía todo superado y se me ha ido también la pinza con los que se han ido. Debe de ser que ya tengo más tiempo por detrás que por delante. Creo que los conozco a todos, excepto a algunos jóvenes que no me son tan familiares. Me ha impresionado el pobre Esteban, que es el que más joven murió. Voy a guardar la foto, pero la miraré y la remiraré cuando se me pase el yuyu actual. Besicos, guapo. El viernes voy a Lorca, a un congreso del sindicato, duerno em el Alamedas y os llamo por si queréis invitarnos a algo. Vamos al pleno, pero si queréis darnos una cerveza, por ejemplo, noche del viernes, vamos sólo el Fernan y yo. Ya os llamo.

M.M. Clares dijo...

En principio el Viernes vamos a estar montando cocina en la casa de campo, a no ser que mi particular concejala de festejos diga en contrario. En cuanto tengamos más o menos decente el porche y hayamos logrado algo de intimidad, os invitamos a cenar una noche hablar sin prisas de cualquier cosa. Y si se tercia y lo decís con tiempo (por lo de organizar camas y tal), os podéis quedar hasta a dormir. Lo de la foto ya lo voy asumiendo, después de unos cuantos días de mirarlo. Yo sólo veo tiempo por delante, que el de detrás ya da igual. Y veo mucho, aunque aquí nadie está para siempre y no hay llamada previa más que para hacer la declaración de la renta y para ir al médico.

En fin, que si no es por aquí será por allí, pero nos veremos.

Alegría dijo...

Me ha encantado esta foto aunque no reconozca a algunos de los que están ahí y vagamente recuerde a otros pues soy, sin lugar a dudas, la más joven de la foto. Pero me hace mucha ilusión poder enseñarle a mi marido, Julián, esa parte de mi familia. ¡Qué pequeña era!

pedro dijo...

Quien dijo que los hombres no lloran tenía razón, llora el alma. Y ahora mismo estoy llorando con toda mi alma. -Será la "pitopausia"-.
Un beso para todos, para los que estamos y para los que no, que seguro,seguro que les llegará, estén dondequiera que estén.

M.M. Clares dijo...

Mucho gusto me da veros por aquí, Alegría y Pedro. A mí me falla algún nombre, que ya no tengo la cabeza como antes, pero los conozco a todos. Y sí, a mi también me ha costado alguna congoja que otra la dichosa imagen. Pero me dio mucho gusto encontrarla y, más aún, saber que para otros es tan importante como para mí. De vez en vez dejaré caer alguna que otra cosa sorprendente de estas. Nos lo vamos a pasar bien aunque nos cueste alguna que otra lágrima. Ya lo veréis.

Gracias a los dos.

Inma dijo...

...Pero cuando el tiempo sa ha puesto amarillo sobre ellas y además conoces a todos, te das cuenta de que unas pequeñas arrugas han apareciso en tu corazón y no te habías dado cuenta de ellas hasta ese momento. Y no sientes tristeza sino nostalgia de los tiempos pasados con alegría.
Gracias Manolo por estar ahí. Creo recordar que esa foto nos la echamos en una boda. No se si de Virginia o Miguel.

M.M. Clares dijo...

Va a ser la de Virginia, por la carica que teníamos todos. Sobre todo las del pelo afro.